A principios de los años 60, los técnicos de la empresa de aviación de Alemania Occidental (República Federal de Alemania) Dönnier descubrieron que cuando un avión atraviesa nubes de lluvia a gran velocidad, se puede generar una onda de choque que puede dañar los componentes internos del avión, mientras que la carcasa exterior del avión permanece intacta. Este fenómeno atrajo la atención de los físicos y, en 1963, la empresa estableció un laboratorio de investigación de ondas de choque. En 1966, un ingeniero del laboratorio de investigación entró en contacto accidentalmente con un objetivo de onda de choque en funcionamiento y sintió como una descarga eléctrica en su cuerpo. El ingeniero erudito se dio cuenta de inmediato de que se trataba del efecto de la onda de choque al entrar en el cuerpo humano. Eisenberg (profesor del Instituto de Cirugía de la Universidad de Múnich) trabajó en estrecha colaboración con el equipo de investigación de efectos de ondas de choque de Downer&Company para demostrar finalmente en 1972 que las ondas de choque transmitidas a través del agua podían triturar cálculos renales aislados. Este éxito fue un hito en la historia de la litotricia extracorpórea por ondas de choque y abrió una nueva era en el tratamiento de los cálculos del tracto urinario. En 1980, Joss et al., del Departamento de Urología de la Universidad Ludwigo Maximilian de Múnich (Alemania Occidental), utilizaron por primera vez esta máquina para el tratamiento clínico de pacientes con cálculos renales. En 1985, China desarrolló con éxito una trituradora de cálculos.
